17 marzo, 2015
La primera vez conocí a Mercedes
Organizadora, líder sin miedo, guía de León, hada madrina,
nuestra señora del sagrado despacho.
Estas son solas algunas de los nombres se puede utilizar llamar a la
organizadora de los extranjeros desde Holy Cross, Mercedes. Ya nos hemos conocido por
meses, pero tiene que ser un principio cuando nos conocíamos la primera
vez. Y esto lo recuerdo...
El sol brillaba y hacía calor ese día. Ansiosos pero emocionados, los doce
“Leoneses” como nos llamábamos (aunque todavía no habíamos estado a León ni una
vez) finalmente estábamos en tren y en ruta desde Pamplona a León para empezar
nuestro año al extranjero.
-No puedo creer que finalmente es la hora que
vamos a reunirnos con nuestras familias anfitrionas. Estoy ansiosa – dijo Emily.
- No puedo creerlo tampoco – le dije de verdad.
– Pero no estoy ansioso, yo se que toda lo va a pasar bien – le mentí. No sabía nada.
-Pensáis que vamos a conocer a Mercedes hoy?
– preguntó Tori.
-Tengo ni idea – respondí.
Cuatro horas pasaron muy rápidos, y
antes sabíamos, llegamos a León. Bajar
el tren fue como un circo: los Leoneses reales estaban tratando de bajar y
salir desde la estación, sin embargo los “Leoneses” de Holy Cross bloqueaban
cada pasillo y cada puerta con sus cuerpos, la sobreabundancia de maletas,
mochilas, y todas las meriendas que estábamos convencidos necesitábamos por el
tren.
De una manera u otra, finalmente los
doce “leoneses” nos fuimos la plataforma y entramos la estación. Allí estábamos saludados por un grupo gigante
de familias y saludé a mi familia española.
-¿Quieres conocer a Mercedes, la
directora del programa aquí? – me preguntó mi mama española.
-Sí, me parece una buena idea
introducirme – le dije.
Finalmente. El momento que había esperado meses por había
llegado. Era la hora hacer la mejor
impresión que podía. Ella estaba
levantando en el centro de la estación, llevado en un vestido negro con una
bolsa blanca colgada de su hombro.
-Hola Mercedes, es Juan. Querría saludarte – dijo mi mama.
-Hola – dijimos en unísono Mercedes
y yo.
Entonces, la cosa peor pasó. Fui a darle la mano cuando ella trataba darme
el doble beso. Mierda. Estaba en España,
no Estados Unidos. Es mal educado hacer esto. Que una impresión horrorosa le había
dado. ¿Qué había hecho?
Rápidamente bajé mi mano y le dé dos
besos en un intercambio muy torpe.
-Ella va a pensar que soy un tonto –
me pensé.
-Bueno, es la hora ir a casa. Ahora vamos – dijo mi mama.
-Adiós – dijimos Mercedes y yo en
unísono de nuevo.
Fuimos al coche visitar mi casa
nueva. Aunque estaba muy emocionado por
conocer León, estaba muy avergonzado de que había pasado. Había arruinado mi primera impresión con la
mujer que actuaría como nuestra guía de León para el año próximo. Que suerte…
Posted by Anónimo a las 11:50 a. m. // // //
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